Comunicado oficial de ALIDE
ALIDE 40: Consolidar el crecimiento de la región es el reto de la banca de desarrollo después de la crisis
A medida que la última crisis económica mundial se aleja, los bancos de desarrollo han empezado a dejar en segundo plano las medidas anticíclicas (de corto plazo y acción inmediata) que evitaron que las economías latinoamericanas y caribeñas experimentaran una crisis mucho más profunda, para concentrarse –de la mano con las políticas sociales de cada país– en sus compromisos de largo aliento y buscar la consolidación de las economías de la región.
La crisis fue un gran desafío para las economías de esta parte del hemisferio, pero fue también una oportunidad para que estas se fortalezcan gracias a la acción oportuna de las instituciones financieras de desarrollo, que compensaron la contracción del crédito privado. Sin embargo, lo que queda en adelante, “más allá de la crisis”, es asumir mecanismos innovadores que faciliten el financiamiento y la inversión en infraestructura, innovación y tecnología, o que ayuden a combatir la pobreza, la desigualdad y la inclusión social, la inseguridad, la elevada concentración de exportaciones y producción basada en recursos naturales, la baja calidad de la educación, el débil apoyo al desarrollo tecnológico y el cambio climático, y por último, que promueva la descentralización productiva y regional.
Así fue planteado en la 40 reunión ordinaria de la Asamblea General de ALIDE (ALIDE 40), cuyo tema central “La financiación del desarrollo latinoamericano más allá de la crisis: nuevas áreas de actuación de los bancos de desarrollo” se analizó en Fortaleza, Brasil, el 13 y 14 de mayo, ante unos 200 banqueros de desarrollo de 23 países de América Latina y el Caribe y de otras regiones. Entre las principales conclusiones y recomendaciones del encuentro se considera necesario:
Consolidar el crecimiento
Si bien se observan alentadoras señales de recuperación en la región –se espera que América Latina y el Caribe continúe su recuperación con un crecimiento económico de 4.8% este año y 3.7% en 2011–, todavía falta mucho por hacer para lograr que el crecimiento sea sostenible, y más aun frente a las nuevas amenazas de la crisis europea y del riesgo de que se puedan generar, en el mundo, niveles de inflación más altos de lo observado en la última década como consecuencia de los enormes montos de liquidez inyectados a las economías para rescatar a los sistemas bancarios e implementar medidas de estimulo fiscal y monetario.
En este camino de fortalecimiento económico, la contribución de la banca de desarrollo pasará por a) aumentar el acceso al crédito y el financiamiento para la inversión de mediano y largo plazos (con fuentes seguras y de menor costo como el mercado de capitales); b) renovar la ingeniería financiera para elevar la inversión en infraestructura (un viejo problema de la región), innovación y tecnología (que resulta crucial en el contexto de competencia global); c) promover la diversificación de exportaciones; d) mejorar la equidad y la inclusión financiera y social; e) y fomentar inversiones en energía limpia y barata para proteger el ambiente.
Incentivar la creación de productos verdes
Este es uno de los nuevos retos que requiere una acción proactiva por los bancos de desarrollo. Más allá de cumplir con las normas ambientales en sus procesos de crédito para los proyectos que financian, los bancos de desarrollo nacionales deben orientarse a la generación de productos financieros ambientales o “verdes”, liderar la creación de una cultura ambiental en sus países, y asesorar a sus gobiernos en el impulso al financiamiento ambiental y climático.
El problema ambiental necesita ser afrontado en todo nivel, por instituciones públicas y privadas, nacionales o internacionales. Para ello, es esencial que se establezcan beneficios compartidos de acciones climáticas (desarrollo, empleo, calidad del aire local, política exterior, seguridad energética); y mejorar la eficiencia, efectividad e involucramiento del sector privado.
Fomentar la innovación y tecnología
Es uno de los factores críticos cuando se habla de productividad en las economías, y una herramienta vital en los sectores de bajos recursos como el agro rural y las micro y pequeñas empresas. Por eso, orientar recursos hacia la innovación y la tecnología será otra tarea que la banca de desarrollo seguirá asumiendo cada vez con mayores resultados.
Para América Latina y el Caribe es imperioso elevar sustancialmente el monto de los recursos orientados a la investigación y desarrollo (I+D), considerando la brecha enorme que existe con los países desarrollados, y para vincularse al mundo con nuevas actividades estratégicas basadas en el valor agregado, el conocimiento y la tecnología. Esto supone también la formación de capital humano.
El gasto en ciencia y tecnología de ALC representa aproximadamente el 2% de la inversión mundial en I+D, sólo por delante de África (0.3%), igual que Oceanía y muy por detrás de Norteamérica (39%), Europa (31%) y Asia (26%). Esto se explica en gran parte por la debilidad en unos casos, o ausencia en otros, del apoyo y financiamiento del sector privado a las universidades para la I+D y de políticas gubernamentales de fomento a la investigación.
Para revertir esto es necesario contar con políticas públicas, planes de acción y un conjunto articulado de incentivos fiscales, regulación, apoyo técnico, y recursos disponibles para todas las etapas del ciclo de innovación; y fijar metas compartidas con el sector científico-tecnológico y el sector privado.
Promover la inclusión social y la descentralización
Con el objetivo de contribuir a la inclusión social y a la descentralización productiva la banca de desarrollo viene impulsando diversos programas, y productos, actuando ya sea de manera directa como banco de primer piso o a través del fomento a la creación y fortalecimiento de los intermediarios financieros no bancarios. Al respecto algunas experiencias en microcrédito han permitido que en Brasil y Colombia, por ejemplo, el 100% de los municipios tengan cobertura financiera. La mayor parte del crédito se orientó a emprendimientos liderados por mujeres, lo cual incide directamente en la reducción de la pobreza, ya que los hogares dirigidos por mujeres predominan entre las familias pobres.
Contar con una apropiada regulación financiera
La crisis internacional dejó al descubierto las deficiencias existentes en la regulación financiera y generó la necesidad de rediseñar el sistema financiero internacional. En ese proceso, se deberá procurar que la nueva regulación no afecte el sano desempeño mostrado por la banca de desarrollo en los últimos años, siendo importante fortalecer la coordinación entre el regulador financiero y el sector de la banca de desarrollo en la aplicación de los nuevos estándares internacionales.
Buscar la sostenibilidad financiera
Para hacer sostenible el mandato social de la banca de desarrollo, uno de sus principios fundamentales es la viabilidad y sostenibilidad financiera, de tal manera que sea innecesario recurrir a la capitalización patrimonial del Estado, salvo en situaciones particulares que precisen de un aumento de su capacidad crediticia, como en el caso de la crisis económica.
Precisamente una de las preocupaciones latentes de la banca de desarrollo durante la crisis era que su mayor participación crediticia impacte en su cartera de mora (o en su sostenibilidad financiera), lo cual no sucedió pese a las intensas medidas contracíclicas que se tomaron para atenuar la crisis en el menor tiempo posible, como la reducción de las tasas de interés, la expansión del gasto público y la aplicación de una variada gama de programas en el área social relacionados con subsidios al consumo e iniciativas de apoyo a las familias pobres.
Responsabilidad con el entorno / Desarrollo territorial
Uno de los conceptos que ha aprendido hoy la banca de desarrollo es que la competitividad de las empresas pasa por lograr la competitividad de los territorios. Para que este desarrollo territorial sea competitivo, sostenible, inclusivo y descentralizador, se debe mejorar las condiciones de vida y del entorno en el que se desenvuelven ciudadanos y empresas; con infraestructura y servicios públicos básicos de calidad.
Asimismo, se requiere de un Estado fuerte, eficiente, no burocratizado, que no limite la iniciativa privada sino que más bien la complemente, siempre que esta tenga una visión de desarrollo productivo y no de carácter especulativo desvinculada de la economía real. Ese es precisamente el criterio que orienta la acción de la banca de desarrollo como instrumento de sus políticas de financiación.